10 de julio de 2009
La Batalla de Gallípoli -también conocida como Batalla de los Dardanelos- fue una campaña bélica que se desarrolló en la península turca del mismo nombre y se extendió desde el 25 de abril de 1915 hasta el 9 de enero de 1916, en el contexto de la Primera Guerra Mundial.Supuso el enfrentamiento entre las tropas aliadas -representadas por Francia, Reino Unido y otros países de la Commonwealth como Australia y Nueva Zelanda- y las tropas de los Imperios Centrales -representadas, en este caso, por el Imperio Otomano-, en un intento por parte de los primeros de tomar Constantinopla y hacerse con el control de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, debilitando el control ejercido por los turcos y permitiendo a su vez una mejor línea de abastecimiento para Rusia.
La campaña se ideó por Winston Churchill, a la sazón lord del Almirantazgo -o, lo que es lo mismo, Ministro de la Marina-, como una incursión a gran escala que en poco tiempo debería permitir el despliegue de numerosas tropas en territorio enemigo, aprovechando el factor sorpresa y el alto número de efectivos movilizados. Con estos puntos claros, las tropas aliadas procedieron a elaborar un plan que desembocase en el éxito de la misión.
En un primer momento, se optó por una invasión naval que tuvo lugar en marzo de 1915, aunque los barcos aliados ya estaban desplegados en la zona desde febrero de ese mismo año. La marina británica, a pesar de su preparación, no fue capaz de romper el cerco creado por las tropas otomanas debido a una falta de apoyo logístico y el intento de tomar ambos estrechos acabó en un auténtico fracaso. Por este motivo, se decidió iniciar el plan B: un desembarco masivo de tropas.El 25 de abril de 1915, miles de soldados británicos, australianos y neozelandeses desembarcaron en distintos puntos de la península de Gallípoli, mientras efectivos franceses tomaban posiciones en la vertiente asiática de los estrechos. El factor sorpresa con el que contaban las tropas aliadas se esfumó rápidamente ya que la falta de preparación de muchos de los mandos y la patente descoordinación entre unos y otros permitió a los turcos restablecer sus líneas de defensa y hacer un uso efectivo de las posiciones ya trazadas sobre el terreno. Además, el mando turco ya había previsto movimientos de este tipo debido al intento de invasión previa y había incrementado de forma notable el número de contingentes desplegados en la zona.
Consecuencia de ello fue que, durante más de medio año, los aliados apenas fueron capaces de avanzar, viéndose obligados a mantenerse entre la costa y las formaciones rocosas que servían de protección a los otomanos, soportando el "trabajo" de los francotiradores turcos y sus ametralladoras, y recibiendo escasas provisiones vía marítima, amén de todas las infructuosas cargas de bayoneta y demás ofensivas ridículas a las que recurrieron para tratar de ganar, si quiera, unos míseros metros.
Debido al enorme coste económico y humano -cerca de 250.000 bajas para cada uno de los bandos- de la operación, el mando aliado decidió abortar la misión y decretó la retirada paulatina de las tropas, la cual se completó con éxito en enero de 1916.Este "desastre" militar, aunque no tan sangriento como las Batallas del Somme o de Verdún, tuvo algunas consecuencias importantes.
En el caso de Winston Churchill, el estrepitoso fracaso de la operación supuso su dimisión como Ministro -se le llegó a conocer en determinados círculos como "el carnicero de Gallipoli"- y su reingreso en la carrera militar, donde sirvió durante varios meses en el frente occidental. Posteriormente, fue exonerado de la responsabilidad que se le atribuyó en un primer momento y a partir de entonces volvió a ocupar distintos cargos públicos, relanzándose así su carrera política, con la trayectoria que todos conocemos hoy en día.
Por lo que respecta a Turquía, esta ofensiva implicó el principio del fin del Imperio Otomano. Mustafa Kemal "Atatürk" fue uno de los altos mandos de las tropas imperiales y desarrolló un papel esencial durante la batalla, hasta el punto de convertirse en un verdadero héroe de guerra y en todo un icono para el desmoralizado pueblo turco. Cuando al final de la PGM se produce la rendición incondicional de los otomanos y el inicio de la ocupación de sus territorios por las potencias aliadas, se inicia un movimiento reaccionario capitaneado por el propio Atatürk, que acaba desembocando en la Guerra de Independencia Turca y en la definitiva instauración de la República de Turquía en 1923.Desde el punto de vista de las tropas aliadas, la Batalla de Gallípoli tuvo un especial impacto en dos sentidos. Por un lado, implicó un temor reverencial por parte de los británicos hacia cualquier intento de desembarco masivo frente a tropas enemigas, temor que no se disiparía hasta el tremendo éxito del Desembarco de Normandía, casi tres décadas después. Y, por otro lado, supuso el despertar como nación de Australia y Nueva Zelanda.
Hasta la fecha, ambos territorios, aunque independientes, habían mantenido unos férreos lazos con la metrópoli y se sentían aún como parte integrante del Imperio Británico. Por este motivo, muchos jóvenes consideraron un deber para con esa patria lejana alistarse en el ejército y luchar en territorios tan alejados de su verdadero hogar. La Batalla de Gallípoli fue, de hecho, la primera operación bélica en la que se produjo una participación tan masiva de soldados de estos dos países -masiva si tenemos en cuenta su escaso ratio de población en aquellos momentos- y el número proporcional de bajas entre australianos y neozelandeses fue más que considerable.A raíz de su presencia en semejante despropósito, tanto unos como otros se dieron cuenta de lo absurdo que resultaba exponerse a peligros como el de una guerra, no ya por el propio país -esto es, la tierra que les había visto nacer, dándoles cobijo y alimento-, sino por una isla lejana, que apenas les prestaba atención y que les había conducido a un callejón sin salida no prestando adecuada importancia a las vidas de sus hombres. Este sentimiento sirvió como revulsivo e implicó un distanciamiento paulatino que desembocaría en el final de muchos de los lazos constitucionales que aún mantenían con el Reino Unido -con quien existe pese a todo una amigable relación- y la creación de un nuevo sistema de alianzas -principalmente con EEUU- donde Australia y Nueva Zelanda se constituirían como Estados claramente visibles, no dependientes de Londres. Ese es, al menos, su punto de vista.
Como muestra de la importancia que se atribuye por estos países a semejante acontecimiento histórico, el 25 de abril se celebra el ANZAC Day, siendo uno de sus festivos más importantes.
Existe una película de 1981, dirigida por Peter Weir y protagonizada por Mel Gibson y Mark Lee, en la que se refleja bastante bien lo que acabo de contar y que constituye, ante todo, un precioso alegato antibélico y en favor de la amistad. Recomiendo su visionado. Por si os pica la curiosidad, el trailer:


































3 Comments:
¡¡Gran post Andrómaca!! y muy buen resumen de (otra) de las tremendas matanzas de la Gran Guerra, como indicas no "superó" al Somme o Verdún pero fue terrible y com aquellas dos el número de víctimas fue mucho mayor de lo que hubiera sido necesario debido a la incompetencia y desprecio de los mandos. El impacto de la Primera Guerra Mundial en el subconsciente colectivo europeo fue de largo, muchísimo mayor que el de la Segunda.
La película recuerdo haberla visto hace mucho tiempo.
"Quien habla mal de mí a mis espaldas mi culo contempla" (Winston Churchill)
Voy a bajarme la película, me ha gustado mucho tu post ^^
En otros sitios con otros pasaportes pero el drama el mismo que las otras famosas batallas que mencionas. Ejercitos dirigidos por mandos de mentalidad decimononica acostumbrados a batallas que más parecían desfiles se enfrentan a ingenios como la ametralladora que daba buena cuenta de una carga a la bayoneta en pocos minutos.
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